El Diario
La última etapa7 min de lecturaPor el equipo de Eldovia

La conversación que hay que tener antes de necesitarla

Hay una conversación que casi toda familia sabe que debería tener y que casi toda familia evita. Es la que trata de lo que un padre o una madre querría cerca del final de la vida: el tipo de atención que elegiría, las decisiones que querría que se tomaran si no pudiera hablar por sí mismo, los deseos que le dan una brújula a quienes lo aman. La posponemos porque se siente morbosa, o prematura, o como tentar al destino. Pero las familias que tienen esta charla temprano, mientras todos están sanos y en calma, casi nunca se arrepienten. Las que esperan suelen tenerla en un pasillo de hospital, bajo luces fluorescentes, adivinando qué habría querido su padre o madre. Antes no es morboso. Antes es un regalo.

Por qué los años en calma son el momento correcto

La razón para hablar ahora, justo cuando nada anda mal, es que una crisis es el peor lugar posible para empezar. Cuando un padre o una madre de pronto está gravemente enfermo, hay que tomar decisiones rápido, las emociones están a flor de piel, y si nadie conoce sus deseos, la familia queda a adivinar y a menudo a discutir. Tener la conversación mientras tu padre o madre está bien y lúcido significa que puede hablar por sí mismo, con sus propias palabras, sin presión. Le entrega la autoría de su propia última etapa en lugar de dejarla a la improvisación de otros. Y le ahorra a quienes ama la angustia específica y duradera de preguntarse si eligieron bien.

Cómo empezar sin volverlo pesado

No tienes que sentar a tu padre o madre en una cumbre solemne. De hecho, ese suele ser el enfoque menos efectivo. Estas charlas van mejor como aperturas más pequeñas y suaves, insertadas en la vida cotidiana. Una noticia en la televisión, la experiencia de la familia de un amigo, o la muerte de alguien que ambos conocían pueden ser puertas naturales. Algo tan simple como, ver por lo que pasaron los Hernández me hizo darme cuenta de que nunca hemos hablado de lo que tú querrías, prefiero saberlo a tener que adivinar algún día, invita al tema sin alarma. Empieza con cariño y con honestidad sobre tu propia intención, que no es apresurar nada sino poder honrarlos bien.

Después deja que tu padre o madre marque el ritmo. Algunos querrán hablarlo todo de una sentada. Otros ofrecerán un poco y se quedarán callados, y eso está bien. La meta de la primera conversación no es resolver todo. Es hacer que el tema sea decible, para poder volver a él con el tiempo.

Qué vale la pena cubrir, con el tiempo

No hace falta cubrir todo esto de una vez. Piénsalo como un conjunto de puertas para abrir poco a poco, cuando el momento se sienta bien.

  • Qué es lo que más les importa cerca del final: estar en casa, estar libres de dolor, estar rodeados de familia, mantenerse lúcidos, o algo completamente distinto en sus propias palabras.
  • A quién querrían que hablara por ellos si no pudieran hacerlo por sí mismos, y si esa persona lo sabe y está dispuesta.
  • Sus sentimientos generales sobre la atención médica en una enfermedad grave, para que quienes están más cerca entiendan el espíritu de lo que quieren, aun donde los detalles sean para que sus médicos los guíen.
  • Dónde querrían ser cuidados si enfermaran de gravedad, y cómo se sienten respecto a la casa, el hospital u otros lugares.
  • Las personas que querrían presentes, las cosas que les darían consuelo y cualquier cosa que les importe sobre cómo se les recuerda.
  • Dónde se guardan los documentos o instrucciones, y quién más debería saber que existen.

Mantenla como una conversación viva

Los deseos cambian conforme la vida cambia, así que esto no es una casilla que se marca una vez y se archiva. Deja que sea un hilo continuo al que vuelves con suavidad a lo largo de los años, y asegúrate de incluir a las personas que algún día podrían tener que actuar sobre ello, no solo al hijo que por casualidad estaba en la habitación. Cuando toda la familia comparte el mismo entendimiento, hay mucho menos margen para el conflicto y las dudas después, justo en el momento en que una familia más necesita apoyarse en sí misma. Para los detalles de poner cualquier deseo en un documento formal, un abogado o el profesional adecuado puede guiarte, pero la conversación humana viene primero y es lo que más importa.

El regalo no es un plan perfecto. Es que nadie que los ame tenga jamás que pararse en un pasillo a adivinar.

Buena parte de lo que hace aterradora la última etapa es el miedo a enfrentarla solo o sin preparación. Eldovia está pensado para mantener a las familias cercanas y al tanto, para que las conversaciones importantes sucedan con calidez y a tiempo, no en crisis. Si esta es una charla que tu familia ha querido tener, te invitamos a unirte a nuestra lista de espera.

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